Renfe ha presentado el detalle de sus cuentas del año 2025, en el que por primera vez desde la pandemia sale de los números rojos. El grupo ferroviario obtuvo en 2025 un beneficio neto consolidado de 60,2 millones de euros, 10 millones más de lo anunciado en marzo y en contraste con los 2,9 millones de pérdidas en 2024.
La cifra rompe una racha de resultados negativos que comenzó en 2020 y devuelve al operador a los niveles de rentabilidad anteriores a la pandemia, a pesar de la competencia y de las mercancías.
El mayor impulso económico se encuentra en los servicios de transporte de viajeros. Renfe trasladó durante el año a 531,4 millones de personas y obtuvo 2.000 millones de euros por la venta de billetes, una cifra que supera en un 19% la del ejercicio anterior. El aumento de la actividad, unido a una mejora de los márgenes y a un mayor control de los costes, permitió que la compañía cerrara el año por encima de sus previsiones.
Al final del año, Renfe Viajeros elevó su beneficio neto desde los 5,4 millones de euros de 2024 hasta más de 70 millones en 2025.
El negocio comercial gana peso
Los trenes comerciales (Alta Velocidad y Larga Distancia) aportaron una parte destacada del crecimiento. En este segmento, que opera en un mercado liberalizado desde 2021, los ingresos por billetes ascendieron a 1.469 millones de euros. El importe representa un incremento interanual del 7,5% e incluye los servicios internacionales y servicios nacionales deficitarios.
El avance de estos trenes contrasta con la evolución negativa de los servicios sujetos a OSP (Obligaciones de Servicio Público). Cercanías, Rodalies, Avant, Media Distancia y Ancho Métrico generaron 532 millones de euros en ingresos por venta de billetes. En conjunto, transportaron 494,2 millones de viajeros, frente a los 500,2 millones de 2024.
¿Qué son los trenes OSP y en qué se diferencian de los comerciales?
La reducción fue moderada y Renfe la vincula principalmente a la modificación de las condiciones de gratuidad y bonificación del transporte público. Pese a ello, los servicios públicos continuaron concentrando la mayor parte de la movilidad de la compañía y mantuvieron su función en los desplazamientos diarios por motivos laborales, académicos y personales.
Dentro de este grupo, Avant registró alrededor de 13,2 millones de viajeros. Madrid-Segovia-Valladolid fue la relación con mayor demanda, con 2,66 millones de usuarios, seguida de Madrid-Toledo, con 2,09 millones. También destacaron Figueres-Barcelona, Madrid-Puertollano y Ourense-Santiago-A Coruña.
Mercancías, el punto débil
La filial de Renfe Mercancías continúa lastrando las cuentas del Grupo Renfe. Terminó el ejercicio con pérdidas de 44,8 millones de euros, afectada por la presión competitiva y por una evolución menos favorable de los tráficos.
La empresa transportó 8,47 millones de toneladas netas y mantuvo una programación de 901 trenes semanales para 177 clientes. Entre los principales tráficos se encontró el transporte ferroviario de 336.341 automóviles.
Pese a estas cifras, la privatización parcial sigue siendo una incógnita. Los plazos anunciados al principio vencieron y no han trascendido las negociaciones con Medlog, el socio industrial ganador del proceso.
Renfe Ingeniería y Mantenimiento incrementó sus ingresos un 2,2%, hasta los 597,5 millones de euros. Durante 2025, la sociedad intervino en 444 locomotoras, 604 trenes autopropulsados y 8.579 vagones, con 1.219 actuaciones cíclicas de mantenimiento.
La división internacional mantuvo asimismo una aportación positiva. Renfe Proyectos Internacionales alcanzó 20,9 millones de euros de ingresos, un 23,7% más que en 2024, y obtuvo un beneficio neto de 2 millones. Los proyectos desarrollados en Arabia Saudí, México y distintos mercados europeos impulsaron la actividad de esta sociedad.
Liquidez para invertir
La recuperación de la rentabilidad estuvo acompañada por una mejora de la posición financiera. La liquidez disponible pasó de 654,3 millones de euros al término de 2024 a 1.059,5 millones un año después. El patrimonio neto se situó en 2.350 millones, con un aumento de 115 millones.
Renfe prevé utilizar este margen para actuar sobre varios elementos de su actividad. Entre las prioridades se encuentran la renovación del material rodante, el refuerzo de la oferta en los servicios públicos y la actualización de los sistemas empleados para el mantenimiento y la comunicación con los viajeros.
La empresa también plantea acelerar la digitalización, mejorar la accesibilidad y avanzar en proyectos relacionados con la eficiencia energética y la reducción de emisiones. El objetivo es responder al incremento de la demanda sin separar la evolución económica de la calidad y la disponibilidad del servicio.
Indicadores ambientales
La huella de carbono por unidad transportada se redujo hasta los 3,58 gramos de CO₂ equivalente, el valor más bajo registrado por Renfe. Para tener una visión más amplia, el indicador es un 89,3% inferior al de 2005. Durante el ejercicio, el 90,45% de la tracción utilizó electricidad y la compañía empleó electricidad de origen renovable en esos tráficos.
La política ambiental también se extendió a las instalaciones de mantenimiento. Las plantas fotovoltaicas en funcionamiento generaron más de 4 GWh y cubrieron aproximadamente una cuarta parte del consumo eléctrico de los talleres equipados con ellas. Renfe destinó además el 84,78% de los residuos de mantenimiento a procesos distintos del vertido.
El grupo cerró el año con unas 21.000 personas en plantilla e incorporó a 1.396 nuevos profesionales. Esta renovación se complementa con la actividad de la Escuela Técnica Profesional, que dispone de 12 campus y ha formado a más de 4.800 aspirantes a maquinista desde su creación.


