Nuevos recortes a la vista en la línea de alta velocidad Londres-Birmingham, conocida como HS2. El Gobierno británico está sopesando reducir la velocidad máxima a la que circularán los trenes para abaratar los costes y acelerar la entrada en servicio de la línea.
Así lo ha confirmado la ministra de Transportes, Heidi Alexander, en una declaración escrita al Parlamento, en la que explicó que la velocidad máxima de 360 km/h, más alta que la de cualquier tren operativo en el mundo, podría retrasar las pruebas de seguridad y encarecer el proyecto.
Alexander ha solicitado al consejero delegado de HS2, Mark Wild, un informe antes del verano sobre la viabilidad de operar a menor velocidad. Según sus estimaciones provisionales, esta medida permitiría ahorrar varios miles de millones de libras y adelantar la inauguración de la línea Londres–Birmingham.
El proyecto, que acumula retrasos y un presupuesto que supera los 100.000 millones de libras (frente a los 16.000 millones proyectados inicialmente), afronta un nuevo replanteamiento tras la suspensión de las extensiones a Leeds y Mánchester.
Wild sostuvo que “la velocidad nunca ha sido el objetivo principal”, sino aumentar la capacidad ferroviaria y contribuir al crecimiento económico del país. Sin embargo, algunas voces defienden que un nuevo replanteamiento podría incrementar los costes.
