Desde que era muy pequeño he escuchado hablar del calentamiento global y de un futuro en el que las temperaturas iban a aumentar considerablemente.
Aunque muchos nieguen la evidencia, ese futuro se ha transformado en presente. Europa sufre cada vez unas mayores temperaturas en verano, con unas olas de calor cada vez más difíciles de llevar. Este clima tiene especial incidencia en las infraestructuras y está causando varios estragos al ferrocarril.
En Europa hemos visto problemas de pandeo vertical en tranvías, juntas que se derriten y, sobre todo, fallos en los aires acondicionados de los trenes.
Ayer denuncié la situación que está viviendo Metro de Madrid, con cientos de quejas al día por la ausencia de climatización en los trenes, especialmente en la línea 1. Es un caso algo extremo por la cantidad de vehículos y personas afectadas, pero no es un caso aislado.
Hace dos semanas semana, SNCF Vogayeurs optó por suprimir varios trenes Intercités siendo consciente de que los equipos de climatización de los coches Corail no iban a aguantar el calor. CP ha seguido los pasos de los franceses con la supresión de varios Intercidades.
Aunque Renfe ha establecido protocolos para reducir los fallos y minimizar el impacto, algunos trenes salen con coches a los que les falla el aire acondicionado. Medidas como reducir las plazas disponibles, reemplazar la serie 130 en el Alvia Madrid-Cádiz por la serie 120 (con equipos más potentes) ayudan, pero son insuficientes. A diario hay trenes que salen con retraso porque la falta de aire acondicionado ha obligado a reemplazarlos por otros vehículos. Otros salen con algún coche sin aire o sufren fallos a mitad del viaje, cuando ya no se puede hacer nada.
En el metro de París, muchos trenes no cuentan con aire acondicionado a pesar de que la red tiene bastantes tramos en superficie. Lo mismo pasa en otras ciudades como Berlín o Londres. Puedo seguir con más ejemplos.
¿Qué han estado haciendo todo este tiempo?
El aumento de las temperaturas está empezando a causar problemas en los últimos años y sabemos que el calor en verano va a seguir aumentando. Pero no es algo que nos haya pillado por sorpresa.
Como decía al principio del artículo, llevo desde niño escuchando hablar del cambio climático. Más de 30 años. El mensaje comenzó a hacerse más fuerte entrado el siglo XXI, así que, no podemos decir que nadie avisó.
Este problema que afecta a todo el mundo se afronta desde 2 perspectivas.
- Pararlo. Todos vemos todo tipo de medidas y campañas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y encaminarnos a una economía que no sea insostenible. El Pacto Verde Europeo es un claro ejemplo de estos esfuerzos y el ferrocarril es un gran beneficiado.
- Mitigarlo. Es imposible dejar de contaminar de una década para otra. Falta tecnología, faltan medios y sobran intereses económicos. Detener y revertir el calentamiento global es, al menos por ahora, una quimera. No queda otra que prepararnos para lo que sabemos que viene.
Y es en esto donde están fallando las autoridades y operadoras de transporte público. Que en países ricos haya vehículos que fallen con temperaturas que sabíamos que íbamos a alcanzar es para hacérselo mirar.
En el caso del ferrocarril, las renovaciones de material móvil sí parecen tener en cuenta esta tórrida realidad. Pero es evidente que no se ha actuado para adaptar los trenes ya existentes, por el motivo que sea (seguramente económico).
El calor no va a parar y hay que actuar ya. Tenemos un año hasta el próximo verano para que los operadores de transporte ferroviario se pongan las pilas y adapten su material móvil para soportar temperaturas que hasta ahora eran propias de otros países. Tanto a nivel de climatización como de buen funcionamiento.

