Brasil afronta en 2026 un giro en su política de transporte con la convocatoria de ocho licitaciones de proyectos ferroviarios que suman más de 9.000 kilómetros y un potencial de inversión de 140.000 millones de reales (aproximadamente 23.700 millones de euros).
Según el Gobierno federal, el conjunto de contratos podría movilizar hasta 600.000 millones de reales (101.600 millones de euros) a lo largo de su vida útil. Para hacer realidad estas inversiones, se ha optado por un sistema de participación público-privada basado en concesiones.
El objetivo es corregir una histórica dependencia del camión, dominante tras décadas de inversión en carreteras. El ferrocarril, más eficiente en costes y energía, permitirá reducir precios logísticos y mejorar la competitividad de exportaciones como granos, minerales o celulosa.
Entre los proyectos destaca Ferrogrão, que conectará Sinop (Mato Grosso) con Itaituba (Pará), creando un corredor hacia puertos del norte y acortando distancias frente a las rutas actuales hacia el sureste. La obra podría generar más de 100.000 empleos.

El plan incluye también corredores como el anillo ferroviario del sudeste (EF-118), el eje Este-Oeste y redes occidentales y del sur, con enfoque en una red integrada conectada a puertos.
En paralelo, ya avanza la primera “shortline” autorizada: 47 km en Mato Grosso do Sul (2.800 millones de reales), con capacidad de 3,5 millones de toneladas anuales y puesta en servicio prevista en 2027.
El reto será ejecutar sin retrasos una agenda históricamente incumplida.
