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11-M, una fecha imposible de olvidar

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Dieciocho años después volvemos a este día, a una fecha que es imposible de olvidar. 11 de marzo u 11-M en su forma abreviada.

En ese momento yo sólo tenía 17 años y empecé el día como otro cualquiera de diario: con pocas ganas de levantarme para ir al instituto.

En aquella época me gustaba escuchar el programa No somos nadie de Pablo Motos. Era la predecesora radiofónica de El Hormiguero y algunas risas me arrancaba, sobre todo con los raps y los míticos momentos teniente.

Pero no, esa mañana no hubo raps y el tono cómico del programa se vio interrumpido cuando Pablo Motos, en shock, anunció que un tren de Cercanías había explotado en Atocha.

Se me puso la piel de gallina, como ahora al recordar este momento. Corrí hacia mi madre y le dije lo que acababa de oír. Me costaba tanto encajar la situación que recuerdo que le solté que a lo mejor era una broma pesada, que lo había escuchado en No somos nadie. Asustada me dijo que con esas cosas no se bromeaba.

Sintonizó la SER y ahí estaban informando de la noticia.

Me tuve que ir al instituto. No fue un día normal, no dábamos crédito ante lo que estaba pasando. Los profesores no eran capaz de dar clase y en lugar de matemáticas, historia o lengua en las clases se oía la radio. En mi clase la tensión era aún mayor; una compañera que venía todos los días desde Santa Eugenia usando esos trenes de Cercanías no había llegado. Nadie sabía de ella y nadie lograba localizar a su familia.

Lo que estaba pasando era algo que parecía imposible. Digno de una película de esas en las que la felicidad se ve interrumpida por una tragedia. Pero estaba pasando y estaba pasando en el corazón de Madrid.

Afortunadamente a mediodía el Jefe de Estudios recibió la llamada de mi compañera. Se había quedado dormida y estaba bien. Un despiste que en lugar de un severo castigo se convirtió en su salvavidas.

No tuvieron la misma suerte las 193 personas cuyo viaje en Cercanías supuso un punto final. Ni los más de 2000 heridos que semejante acto atroz causó. Ni los familiares, amigos y otra gente cercana de estas personas que hoy, 18 años después, siguen teniendo un gran vacío en su vida por algo que nunca tuvo que haber pasado.

El tiempo pasa y seguirá pasando. Pero quienes vivimos el 11-M jamás olvidaremos la fecha. Quienes la sufrieron en primera línea menos aún.

Por ellos, por quienes no pudieron contar lo que pasó, por los héroes sin capa que ese día salieron a darlo todo para ayudar a los demás exponiéndose a una nueva explosión, por quienes el 11 de marzo de 2004 fue un desgarrador día…

Por todos ellos no podemos olvidar lo que pasó.

Y, lo más importante, no podemos permitir que vuelva a pasar.

Desde estas líneas mando un fuerte abrazo a todas estas personas y mucho ánimo. Ya sólo por el hecho de seguir luchando en el día a día, dieciocho años después, sois grandes.

Muy grandes.

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