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Renfe y su escasa oferta en la nueva normalidad

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Cuando se declaró el estado de alarma y se limitó al máximo la movilidad de las personas, Renfe estableció un plan de transporte alternativo para adaptarse a esa realidad.

Una incuestionable medida que tenía todo el sentido del mundo. Y que se iba a mantener mientras durara el estado de alarma.

Pero la realidad ha sido distinta. El estado de alarma se ha acabado pero la oferta está lejos de ser la habitual pese a que haya aumentado. Lo cual limita mucho la movilidad en un momento en el que se pretende potenciar el uso del ferrocarril. O eso dicen.

No es tanto un problema de plazas (aunque hay trenes que se llenan con días de antelación) sino de cantidad de servicios.

Por ejemplo, de Madrid a Murcia circulan 2 trenes al día en lugar de los 6 habituales. Salvo los viernes y domingos que hay un Intercity adicional de Madrid a Murcia y de Murcia a Madrid respectivamente.

Una decisión meramente económica

Esta disminución del número de servicios prestados es temporal; así lo ha asegurado tanto Renfe como el Ministerio de Transportes. El objetivo es ir aumentando la oferta conforme se recupere la demanda de transporte.

¿El objetivo? Evitar que haya trenes circulando vacíos porque la gente aún no viaja como antes.

Una estrategia que no ha sido una invención de Renfe sino que responde al Artículo 17 del Real Decreto que regula la nueva normalidad. Que ha sido convalidado en el Congreso con un amplio respaldo. Este artículo dice:

En los servicios de transporte público de viajeros de competencia estatal ferroviario y por carretera que estén sujetos a un contrato público o a obligaciones de servicio público, los operadores deberán ajustar los niveles de oferta a la evolución de la recuperación de la demanda, con objeto de garantizar la adecuada prestación del servicio, facilitando a los ciudadanos el acceso a sus puestos de trabajo y a los servicios básicos, y atendiendo a las medidas sanitarias que puedan acordarse para evitar el riesgo de contagio del COVID-19.

Real Decreto Ley 21/2020

Es una medida con cierta lógica, teniendo en cuenta las grandes pérdidas que han tenido las empresas de transporte por la ausencia de viajeros. Y que a nivel económico es mejor tener pocos servicios muy llenos que muchos servicios vacíos.

Por supuesto hay que recordar que el dinero público que el Estado podría destinar a compensar la baja ocupación no crece de los árboles.

Pero llegamos a la pregunta del millón.

¿Puede aumentar la demanda si no hay oferta?

Volviendo al ejemplo de antes, si quiero viajar de Madrid a Murcia, casi todos los días sólo tengo un Alvia que sale a las 9:16 de Atocha y otro a las 17:30. Pero, ¿qué pasa si quiero salir de Madrid a mediodía como podía hacer antes?

Me tengo que ir a la competencia.

Por un lado está el coche, un medio en el que hay plena libertad para salir y llegar a cualquier hora parando en cualquier sitio. Y todavía hay gasolineras que te cobran menos de 1,00€ el litro.

Por otro lado está el autobús. Que en esta relación tiene 8 frecuencias diarias, incluyendo una nocturna. Además, algunos de ellos van directamente a La Manga, uno de los destinos veraniegos por excelencia.

Aunque por Real Decreto los autobuses de línea tienen las mismas limitaciones que Renfe, es más fácil conseguir una buena ocupación en un vehículo de 60 plazas que en uno de 230.

Así que resulta algo evidente que al autobús le beneficia esta medida. Y que parte de las personas que podrían aumentar la demanda del ferrocarril se están yendo en otros medios de transporte.

¿Merecería la pena arriesgar?

Soy solo un aficionado al ferrocarril. No soy experto en movilidad ni en economía. Desconozco los estudios que habrán hecho tanto el Gobierno como Renfe y mis dotes de futurólogo brillan por su ausencia.

No sé qué va a pasar con el virus ni si la gente se va a mover más que ahora en las próximas semanas.

Pero creo que una empresa como Renfe, dependiente del Gobierno, debería aumentar la oferta antes que la demanda para así asegurarse de que las personas que tienen que viajar usen el tren en lugar de otras opciones.

Se le llena mucho la boca a los políticos hablando del ferrocarril como medio de transporte sostenible. Y de su rol esencial en la era post-covid para reducir la huella ecológica del transporte.

Pero si el tren no está ahí cuando la gente lo necesita, ¿cómo va a usarlo la gente?

Si la emisión de billetes con tarifas promo tiene en cuenta las plazas disponibles con los servicios actuales en lugar de los que debería haber, ¿cómo se va a motivar a la gente a viajar en tren?

Entiendo la cautela. Entiendo que hay que evitar que Renfe tenga más pérdidas.

Pero lo que Renfe no puede perder es el tren de la recuperación. Y dejarse adelantar por otros medios de transporte.

A mi juicio, la oferta de trenes debería aumentar más rápido con plazas lo más económicas posibles. Y con medidas adicionales destinadas a incentivar el uso del tren, como asignar más puntos de fidelización.

Y tú, ¿qué opinas?

¿Debería Renfe recuperar la oferta de trenes habitual?

¡Deja tu opinión en un comentario!

Imagen de cabecera: 470 pasando por Alcolea echando arena en la vía. Foto (CC BY NC) Álvaro Arrans

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7 respuestas

  1. Yo creo que parte del problema de la baja oferta es que al no haber tarifas promo y promo + se está espantando a parte de los potenciales viajeros, bajo mi punto de vista con mejores tarifas sería más fácil aumentar frecuencias y llevar una ocupación decente ya que de hecho muchos trenes están saliendo llenos sin estás tarifas

    1. Han tardado. Pero ya han vuelto las tarifas Promo y Promo+, junto a la nueva promoción YoVoy.

  2. Me parece fatal!! Que suspendan las promos, ahora que los viajeros estamos muy mal, en tema economía.
    Yo tenia 2promos BARCELONA-SANTS Pamplona por 18€ los cancelaron y ahora solo hay por 60 € toma ya solución…

  3. Los servicios de Cercanías y Media Distancia deberían estar al 100% desde hace tiempo (fin del estado de alarma). Esos servicios se utilizan principalmente para comunicar poblaciones cercanas entre sí, pese a que hay algunas relaciones más largas (sobretodo en las líneas regionales, comunicando capitales de provincia). El viajero de proximidad quiere que haya servicio para poder ir y volver de otro pueblo en el mismo día, a ser posible. No obstante, al no haber relaciones suficientes, deciden optar por el bus o el coche.

    Los servicios de Larga Distancia pueden esperar algo más, ya que la mayoría de sus usuarios no realizan el trayecto para ir y volver en el mismo día, con lo que, ajustando una oferta para que circulen suficientes trenes, podría servir temporalmente.

    Además, muchas de las personas que este año van a ir de vacaciones, muy probablemente vayan a sus pueblos y no a grandes ciudades o complejos turísticos, normalmente comunicados por Alta Velocidad. Por lo tanto, si no tenemos un buen servicio, con buenas frecuencias, que conecten esos pueblos, la gente no va a querer usar el tren.

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