Tren, un relato filosófico de Sens

Tren en el amanecer. Fotografía de Charles Ostrand

Hace frío. La escarcha del alba lucha con los primeros rayos de un sol que todavía se despereza, adormilado. Se le acabó el chollo. Hoy es solsticio, y a partir de ahora le tocará levantarse cada día unos minutos más temprano.
Es lo que tiene ser el responsable de cada amanecer; no puedes decepcionar a los noctámbulos que esperan ansiosos tu llegada.

¡Marche el tren!

La historia que os voy a contar surgió hace un par de años y permanecerá por siempre en mis mejores recuerdos.

Iba en el tren Regional que había salido de Madrid con destino Valencia San Isidre. Adif me había llamado hace un par de semanas para darme mi primer trabajo en la empresa, tras haber superado el curso de jefe de estación.

Mi nuevo lugar de trabajo sería Chiva, un pequeño pueblo valenciano.

Acomodado en mi asiento, iba pensando en mi nueva ocupación y lo que me depararía ese destino. Tenía miedo y a la vez ilusión por saber lo que me reservaba el futuro en esa estación de pueblo. Mirando por la ventanilla concentrado en el paisaje, que pasaba de forma fugaz, con tristeza me venía a la memoria todo lo que dejaba en la capital española: mis amigos, mi familia, mis compañeros del curso de formación… Pero tenía que concienciarme de que una nueva etapa de mi vida comenzaba y debía ser optimista.

Tren 592 de Renfe Cercanías en la desaparecida estación de Riba Roja de Turia. Foto: Andrés Ignacio Martínez Soto.
Tren 592 de Renfe Cercanías en la desaparecida estación de Riba Roja de Turia. Foto: Andrés Ignacio Martínez Soto.

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