Ana Karenina, el ferrocarril en la aristocracia rusa

Pocas novelas han tenido tantas adaptaciones cinematográficas como Ana Karenina, escrita por el grandísimo León Tolstói. La historia, en la que el ferrocarril más que un medio de transporte es un símbolo de riqueza, ha sido representada en más de siete películas, la más reciente en 2012.

Cartel de Ana Karenina, en el que ya se refleja la importancia del tren.
Cartel de Ana Karenina, en el que ya se refleja la importancia del tren.

Ana Karenina, infidelidad, tradición e hipocresía en la alta sociedad

Desde la publicación de la novela en 1887, la historia ha sido adaptada en más de 7 ocasiones: la primera, en 1938, la protagonista era Greta Garbo. En 1948 Ana era la mismísima Vivien Leigh (Lo que el viento se llevó), y en 1985 la protagonizaron Jacqueline Bisset (Bullit, La noche americana) y Christopher Reeve (Superman).

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En 2012 ha sido Joe Wright, director de Expiación y Orgullo y prejuicio quien ha dirigido la película con su actriz favorita, Keira Knightley (Piratas del Caribe, Un método peligroso) como Ana y Jude Law (Alfie, Closer) como Alexei. Se trata de una película visualmente apabullante que sitúa la trama en un escenario de teatro.

Tráiler de la película, subido por Trailers in Spanish

La película nos presenta a Ana Karenina, una aristócrata rusa casada con Alexei Karenin y acostumbrada a una vida de lujos y vida social que conoce a un apuesto y noble militar llamado Vronski en una estación de ferrocarril. Pronto se enamorarán, tendrán un hijo y tendrán que apartarse de la sociedad rusa por el escarnio de no estar casados. Con el paso del tiempo, el doble rasero al que será sometida, los celos y la añoranza de la atribulada vida social a la que estaba acostumbrada; llevarán a Ana a recorrer Europa y Rusia de tren en tren hasta acabar perdiendo la cabeza.

La historia, una de las más grandes obras de Tolstói, logra presentar -a través de los devaneos amorosos de Ana- la pérdida de valores de la aristocracia rusa del siglo XIX y, a través de sus constantes viajes por ferrocarril, su imparable camino hacia el derrumbe.

El ferrocarril San Petersburgo-Moscú, algo más que un medio de transporte

La importancia del tren es clave en la historia. Por una parte, la vida social que retrata no se entiende sin la línea ferroviaria que une Moscú con San Petersburgo, de casi 700 kilómetros de distancia e impulsada por el Zar Nicolás I de Rusia. Esta ruta se inauguró en 1851 tras 10 años de construcción en duras condiciones (que llegaron a inspirar el poema El Ferrocarril de Nikolai Nekrasov) y resultó un portento técnico para la época al lograr cubrir la distancia en menos de 22 horas de trayecto.

Fotograma de una estación de ferrocarril en la película
Fotograma de una estación de ferrocarril en la película

El viaje en este tren se convirtió en toda una seña de lujo ya que, para evitar posibles levantamientos urbanos conjuntos, sólo se permitía el acceso al tren a ricos y nobles. Así, el trayecto otorgaba cierto estatus social a los viajeros, que disfrutaban de poder viajar de una gran ciudad a otra en unos coches de alto nivel.

El propio Vládimir Nabokov (autor de Lolita, provocadora obra también varias veces adaptada al cine) señala la importancia del tren en Ana Karenina, teniendo en cuenta que éste aparece en los primeros capítulos (Los niños que ven pasar el tren, Símbolo del lujo y El progreso), es el lugar donde Ana conocerá a Vronsky, el lugar con el que tendrá pesadillas y, finalmente, el escenario de su muerte cuando decida suicidarse arrojándose a las vías del ferrocarril.

Fuentes: IMDB, Culturaca.com

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